Después de pernoctar dos noches fuera, a modo de “quita-mono” y “segunda prueba”, nos toca hacer una escapada de verdad.

Y es que aprovechando que coincidimos en los días libres del 1 al 5 de Agosto, nos decidimos a visitar alguna de las islas que nos faltaban ( más bien que me faltaban a mi, Abel, ya que Elena es autóctona y las ha visitado todas ) así que nos decidimos por El Hierro.

Hubiera estado genial… pero parece ser que Naviera Armas no trabaja los sábados, así que finalmente nos queda la conexión practicamente horaria de Tenerife a Gran Canaria, concretamente al puerto de Agaete.

Día 1

Salimos a las 6 de la mañana, dirección al muelle, no sin dejar de pensar en si nos olvidamos algo en casa… En caso de ser así, ya es tarde.

Antes de embarcar, ¡Llega el primer susto! Al parecer el billete no es correcto, pues la ZitroVan está registrada como vehículo mixto y esa condición hay que indicarla a la hora de emitir el billete y pagar su correspondiente suplemento (8,50€ por trayecto), así que una vez solventado, nos decidimos a desayunar en el muelle de Santa Cruz mientras llega la hora de embarque.

Percepción del muelle: Precios de aeropuerto, ¡O peor!

Sandwich mixto, trozo de tortilla, refresco y zumo de naranja, ¡17€!

Nos subimos al barco y a Nala le toca quedarse en la furgo a echar una siesta de una horita mientras navegamos. Parece que no le importa demasiado.

Vislumbrando la isla vecina, nos alegra ver que el sur está todo soleado, ya que escapábamos un poco del mal tiempo que reina en Tenerife.

Sin parar mucho en Agaete, más que lo justo para ver cuál sería nuestra primera parada, nos lanzamos a la carretera en dirección al Charco Azul.

Tras un pequeño sendero que nos invita a estirar las piernas y a que Nala suelte energía después del trayecto, llegamos a la conclusión de que el Charzo Azul, en verano, debería llamarse el Charco Verde… al no correr agua por la montaña, el punto de interés turístico se convierte en una ciénaga en la que poco apetece darse un baño, cosa que no impide que Nala se de un chapuzón sin preguntar siquiera.

Visto lo visto, nos damos la vuelta pronto, de camino a la furgo para seguir nuestra ruta.

El pueblo más cercano y siguiente de nuestra visita es La Aldea de San Nicolás, y más concretamente La Playa del mismo nombre, en la que nos pudimos dar el primer remojón y visitar el famoso Charco de La Aldea que da nombre a su fiesta.

Cerca de éste terminamos comiendo en un pequeño restaurante cerca del mar que nos sorprendió con sus platos, al pensar nosotros que sería el típico restaurante poco cuidado y abarrotado por su cercanía al mar. Todo lo contrario. Un servicio excelente, y unos platos que a la vez que sencillos nos encantaron. Nos decantamos por unas papas arrugadas con mojo, un pulpo a la gallega, unos calamares a la romana y unos saquitos rellenos de verdura y gambas, que fue una de las cosas que más nos gustaron.

Solo nos queda recomendar enormemente este pequeño pero bonito restaurante, Bar Restaurante Esther, en la Calle Varadero.

De camino a Mogán, nos encontramos con el desvío a Tasarte, que no dudamos en coger para acabar en una tranquila playa, con un pequeño camping prácticamente a tocar de la misma, dónde pudimos disfrutar, ahora sí, de un merecido baño, y Nala disfrutar de verdad nadando sin parar.

El madrugón se hizo notar, y la cercanía al mar nos ofrecía una brisa maravillosa que aprovechamos para echarnos una minisiesta antes de continuar dirección Mogán.

Entrando al pueblo es fácil percatarse que no va a ser como la Aldea de San Nicolás, ni los pueblos de paso que hemos cruzado. Esto empieza a ser más turístico y puede ser “uno más” de la lista, pero la llegada al Puerto va cambiando la sensación… Un pequeño canal a la izquierda… !Y llegamos! ¡PRECIOSO!

Habíamos escuchado hablar de “La Venecia Canaria” y es que este lugar tiene un encanto especial. Aparcamos muy cerca del muelle y de la Playa del Puerto de Mogán, y al adentrarnos dos calles sabía que iba a ser uno de los pueblos que más me iban a gustar.

Se respira tranquilidad, el agua cristalina de los canales y del muelle y las preciosas casitas con sus pequeños jardines nos hacían pensar en cómo sería vivir allí.

Pasamos la tarde dando un paseo, y aunque nos hubiera encantado darnos un baño en la playa, esta ya está señalizada con prohibiciones, no como las anteriores, en concreto la del acceso a perros, por lo que decidimos buscar un sitio dónde cenar y preparar nuestra primera noche.

La búsqueda se iba complicando mientras de paso hacíamos visitas express a Taurito y la playa de Los Amadores ( turismo a su potencia máxima, hoteles y más hoteles delante de playas preciosas y tranquilas ) y con poblaciones así, es bastante difícil “acampar” y pasar desapercibidos, por lo que nos decidimos a buscar algún camino que subiera montaña arriba. Ni Syncro ni historias, la ZitroVan subía el camino de cabras sin problema alguno, hasta que llegamos a un llano sin salida con vistas dónde decidimos quedarnos.

Estrenamos la ducha y aprovechamos para cenar algo que llevabamos en la nevera desde casa, por lo que no tardamos en montar la cama y dormir hasta la mañana siguiente.

Día 2

Se me olvidaba un pequeño detalle entre lo de montar la cama y dormir… Por ahora estamos utilizando un colchón hinchable de matrimonio que nos había servido en otras ocasiones…

En este caso y desde la última noche fuera, resultó acabar agujereado… Así que dormimos encima de toda la ropa que traíamos hasta poder buscar un parche.

A pesar de ello, no puedo decir que haya sido mi peor noche.

Desayunamos y organizamos la recogida del permiso de acampada en La Presa de Las Niñas, el que iba a ser nuestro lugar de pernocta durante los próximos días. Nos dirigimos a Arinaga en busca de dicho permiso y una vez nos hicimos con él, pasamos por Maspalomas para ver la enorme Playa del Inglés y las dunas. Dado que ambos lo habíamos visitado con anterioridad y que el acceso a las dunas estaba bastante concurrido, decidimos continuar la ruta sin dar muchas vueltas.

De camino a Decathlon de Telde, en busca de nuestros parches salvadores, nos desviamos hacia la costa de nuevo para visitar Melenara y su famosa playa, y luego contemplar la erosión y la fuerza del mar de El Bufadero, en La Garita. El acceso al gran agujero indicaba la precaución con la que hay que acceder a la zona y su prohibición en algunos casos, y ese era uno de esos días, pues un vigilante llamaba la atención a todo el que daba un paso de más. Y no es para menos, la fuerza del mar se hace totalmente evidente con solo contemplar un par de minutos la zona. Impresionante.

Llegada la hora de comer, nos dirigimos a visitar y pasear por Telde, que tiene sus raíces en la época prehispánica, y  concretamente por la zona de San Juan y los alrededores de su basílica, una de las más antiguas de Canarias.

Antes de comer, nos limitamos a recorrer la zona de San Juan, recorrido que terminó rápido, pero que es sólo una parte del casco histórico de Telde, que fue declarado Bien de Interés Cultural.

Junto a la basílica, y en un pequeño y tranquilo paseo, nos encontramos con un bonito restaurante que disponía de terraza para poder comer con Nala cerca.

Nos hubiera encantado hacer fotos de los platos, pero el hambre apretaba y cuando nos dimos cuenta ya casi habíamos terminado.

El trato fue EXQUISITO desde el primer momento, incluso Nala lo agradeció cuando le trajeron un cuenco con agua para refrescarse. Pasta para Elena, pizza para mí.

Continuamos carretera hacia Pico de Las Nieves, mientras Elena se peleaba con el estabilizador para la cámara que me regaló y con el que no acababa de llevarse bien. Nos paramos en medio de una carretera para hacer una foto imprescindible, el Roque Nublo, con el Teide de fondo, por encima de un mar de nubes y el Roque Bentayga entre ambos. Lo que no sabíamos es que ya prácticamente estábamos en el mirador de Pico de Las Nieves, y a escasos 100 metros aparcamos sin mucha gente a nuestro alrededor. Las vistas eran maravillosas, y la brisa compensaba el calor del fuerte sol, por lo que disfrutamos de la zona un buen rato mientras hacíamos fotos de toda la panorámica.

Nuestra última parada eran las cercanías del Roque Nublo, para luego continuar hacia La Presa de Las Niñas, dónde teníamos pensado pernoctar esa noche.

La carretera revirada hacía pensar que estábamos cerca de la presa, cuando en el último desvío antes de coger la carretera de acceso, un cartel nos indicaba que la carretera estaba cortada PERMANENTEMENTE y que el acceso debía realizarse por Mogán, es decir, completamente el lado opuesto de la isla de dónde estábamos.

Después del cabreo, intentamos coger las carreteras más directas a pesar de tener más curvas, y llegamos a pasar por zonas prácticamente deshabitadas y carreteras en estado de conservación “justo”, lo que significó ver paisajes preciosos que no salen en las guías, e incluso algún pequeño pueblo precioso.

Hora y media más tarde, después de estar a 15 min del mismo sitio, por fin llegamos al lugar.

La tranquilidad que reina en ese sitio lo hace un Furgoperfecto en toda regla, con todas las comodidades.

Nos dimos una ducha antes de cenar y nos pusimos manos a la obra con la reparación de la cama, deseando que ése fuera el único agujero y nos dejara disfrutar de la noche.

El cielo sin luna, nos permitía ver un manto de estrellas que deja a cualquiera boquiabierto.

Día 3

Un amanecer precioso y tranquilo en la presa, lo que nos hizo confirmar que volveríamos a ese lugar alguna vez a desconectar un par de días. Un sitio muy recomendable.

Desayunamos contemplando las maniobras de un helicóptero del SAR al otro lado del agua, y disfrutamos del sitio hasta casi llegado el mediodía.

Esta vez nos dirigíamos de nuevo a Telde para visitar a familiares de Elena, a los que les hicimos saber nuestras buenas impresiones de la isla, no sin antes parar a comernos un típico bocadillo de Pata Asada con Queso en las cercanías del Mercado Municipal.

Nos quedaba por ver la ciudad de Las Palmas, Arucas, Teror y Tejeda, así que decidimos visitar Las Palmas esa tarde, dormir cerca de Arucas y el último día antes de coger el barco de nuevo, visitar Arucas, Teror y Tejeda.

LLegamos a Las Palmas de Gran Canaria. Y no queríamos irnos. Una ciudad que nos encantó, su gente, sus bares y el ambiente nos hizo llegar a la conclusión de que no nos importaría nada vivir allí por una temporada.

Visitamos el paseo de la Playa de Las Canteras, y mientras tomábamos algo viendo la puesta de sol frente al mar, buscábamos otro furgoperfecto para dormir esa noche.

A escasos 15 minutos de allí, llegamos a Bañaderos, dónde al final del pequeño pueblo había un descampado con 3 furgonetas más que buscaban lo mismo que nosotros.

El sitio, además de tranquilo y con un acceso privilegiado a las piscinas naturales y alguna pequeña playa, era bien conocido por los furgoneteros de la isla. Todos nuestros vecinos nos dieron la bienvenida mientras preparábamos la ducha, cama y mesas y sillas para la cena.

Aprovechamos para ver una película en el ordenador antes de dormir y planear la ruta del día siguiente.

Día 4

Todo lo bueno se acaba, y esto no iba a ser menos…

Además nos avisan que son las fiestas de Agaete, dónde tenemos que coger el barco de vuelta, y que las calles del pueblo están cortadas al tráfico por la cantidad de gente, así que planeamos llegar al puerto una hora y media antes de lo que teníamos previsto, por lo que pudiera pasar.

Recogido el campamento, arrancamos sentido Arucas, dónde pudimos ver la famosa Iglesia Matriz de San Juan Bautista y alguna calle cercana. El reloj corría en contra, así que seguimos carretera hacia Teror, dónde pensábamos comprar el tan famoso chorizo con el nombre de la misma población.

Continuamos dirección Tejeda, mientras contemplábamos tristes las secuelas del incendio de Septiembre de 2017. Devastador.

Ya cansados de tanta curva llegamos por fin a Tejeda, y viendo la hora, comimos antes de visitarlo, para ajustarnos al tiempo que nos quedara después.

Comimos por recomendación en el Asadero Los Almendros, y a pesar de las buenas recomendaciones de TripAdvisor y de conocidos que habían estado anteriormente, no creo que vuelva jamás a comer allí. Debimos tener mala suerte con la elección, pero incluso dejamos parte de una parrillada de carne que habíamos pedido. No me gustaría hacer una mala reseña de este lugar, por que pueden ser varios los motivos para que nos lleváramos esta sensación “equivocada” del lugar, pero mi único deseo era que trajeran la cuenta rápido para poder levantarnos e intentar digerir lo que ya habíamos comido. Para más inri, la cuenta fue el doble de lo que habíamos pagado en el resto de restaurantes de la isla.

Bajamos el disgusto caminando por las calles de uno de los pueblos más bonitos de España, que hacen justicia a este reconocimiento.

Nota importante: Hay una piscina pública con césped a su alrededor, que se puede disfrutar por 4€/día. Ese en concreto, hubiera sido el día perfecto, pues hacía muchísimo calor.

Sin tiempo para más, pedimos direcciones a nuestro GPS en dirección a Agaete, y tras una hora de carreteras secundarias llegamos a las cercanías, dónde el arcén de la carretera ya estaba abarrotado de coches aparcados. Podíamos hacernos una idea de la multitud que nos esperaba abajo.

Las calles inundadas de gente, y por consiguiente, cerradas al tráfico. Nuestro único acceso al puerto, así que tras quejarnos un poco a la policía y protección civil, nos abrieron paso entre la multitud, escoltados por una moto de protección civil con la sirena, a los gritos de “Presidente” de la multitud que se dirigía a la playa del pueblo.

Finalmente llegamos al muelle, dónde no tuvimos que esperar demasiado hasta la llegada del barco que nos llevaría de vuelta a Tenerife.

Seguramente nos lluevan críticas por nuestras impresiones de la isla vecina, pero quizás porque íbamos con una expectativa muy baja debida al “pique sano” entre chicharreros y canariones, nos quedamos completamente enamorados de Gran Canaria, incluso pensamos en elegirlo como opción a considerar para vivir durante una temporada debido a que nuestro trabajo nos permite en cierto modo estos movimientos.

Resaltamos la sensación de cuidado de todos los pueblos, y también de las zonas más turísticas, que aunque las odiemos, estaban muy cuidadas y reformadas.

La zona de montaña de la isla, que parece que no se suele visitar ( hay quien habla de Gran Canaria resumiendo en la ciudad de Las Palmas, y luego Maspalomas ) cuando vinimos encantados de las visitas al Pico de Las Nieves, Roque Nublo, La Presa de Las Niñas, etc… Playas extensas de arena fina y un clima que veníamos buscando nos hizo venirnos con la sensación contraria con la que fuimos.

Así que todo un acierto al no haber podido visitar el Hierro, que lo dejamos para nuestra próxima escapada que esperemos no sea muy tarde.

En resumen,

¡Recomendamos encarecidamente visitar toda la isla de gran canaria y no sólo sus playas!

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